Las opciones de la geometría: Josef Albers

El punto de partida de la abstracción va a estar en París. La Escuela de París está sufriendo la internacionalización del arte y es más internacional que puramente francesa. En la década de los 20′ hay que afirmar que el arte abstracto fue en Francia un producto extranjero de París.

Es muy interesante la aportación de Víctor Poznanski, que en 1925 hace una exposición de arte contemporáneo en París. El objetivo de esta reunión de obras no era mostrar ejemplos, sino que allí se hizo acopio de lo que se producía en las obras de arte no imitativas.

Aquí entra en juego el denominado “arte concreto”. El arte concreto se funda por Theo Van Doesburg en 1930. Este grupo hizo un manifiesto y ese manifiesto se publica en la revista Art Concret y ahí están los principios del manifiesto, como por ejemplo, que el arte es universal.

Es un arte que se moverá entre la Academia y la tecnología. En el manifiesto se afirmaba que no había nada más concreto y real que una línea, un color o un plano, y por eso era lo principal del cuadro. Las formas naturales o el sentimiento están prohibidos.

EEUU ha dado el gran salto mundial y los orígenes empiezan ya en 1913, donde tuvo lugar el Armory Show, donde se dio a conocer Duchamp y se dieron a conocer las nuevas tendencias del arte contemporáneo. En EEUU lo que se hacía era un arte de imitación de Europa o regionalista como mucho y el año 1913 supuso el descubrimiento de que había otras cosas y se ponen a la cabeza.

El movimiento de artistas americanos abstractos tuvo una gran influencia europea, ya que participaron Mondrian, Laszló Moholy-Nagy… En 1940 se crea el Museo de Arte no Objetivo que reunía a todos estos artistas, y reunía la colección de Peggy Guggenheim. En 1942, la misma Peggy abre la galería “Art of this Century” donde exponían estos artistas de la abstracción.

Para conocer la obra de Josef Albers su vida personal es fundamental, pues sus estudios serán importantes. Es de Alemania, de Westfalia, y estudiará sus primeros años aquí hasta que en 1933 con el ascenso del nazismo en Alemania, se traslade a EEUU.

En EEUU su primer trabajo será en la Black Mountain College de Carolina del Norte y en esta escuela será profesor entre 1933 y 1949 donde podrá promocionar las tendencias geométricas. De 1950 y hasta 1958 dirigirá el departamento de diseño de la Universidad de Yale.

Su obra más característica es su Homenaje al cuadrado, algo a lo que se va a dedicar a partir del año 1949. Esta serie de cuadrados se basa en el estudio de las relaciones cromáticas entre cuadrados de diferentes colores organizados de una manera concéntrica sobre el lienzo.

Esta experimentación de figuras geométricas y de colores se verá a lo largo de su obra, ya que lo que le interesa es el efecto que producen entre sí las diferentes combinaciones y para ello no necesita salirse del cuadrado. Así pues, toda esta serie de trabajos son ilusiones ópticas que va creando usando tres o cuatro cuadrados de diferentes colores y demuestra que un mismo color, en función del entorno, causa un efecto muy diferente en el espectador.

Josef Albers tiene un proyecto artístico que se dirige hacia la simplicidad basado en el trabajo manual y en esa experimentación con el color. Esto desemboca en una obra con un alto contenido poético, pero también espiritual. Con todo esto, a Josef Albers se le puede considerar como el artista que mejor ejemplifica el conjunto del arte moderno y contemporáneo ya que desde las primeras décadas del siglo XX, el arte puede explicarse perfectamente como algo que está en un proceso económico de la forma.

El artista es conocido como pintor abstracto y en su obra se ve la influencia de artistas como Matisse o Mondrian aunque en su obra se puede observar un sentido de búsqueda de equilibrio y precisión en la pincelada. Como en su serie de 1952 Homenaje al cuadrado, se puede ver como Albers explora esa capacidad total del color y la forma desnuda de la geometría con una profundidad irreal por esa superposición de estructuras y se puede ver como esa forma y ese color dialogan todo el rato.

En este homenaje al cuadrado, Josef Albers intenta engañar al ojo mediante un juego con el color, algo que conocer perfectamente. Para el artista, el cuadrado está subordinado a las influencias y cambios constantes del color y la luz. Para él es “el escenario, el actor y la voz que representan el drama sin fin de las emociones de la instrumentación del color”.

De todas maneras, hay que advertir que no se sabe hasta qué punto tiene en su obra más protagonismo: si esas formas geométricas, la simetría o el propio color. Va utilizando siempre los mismos colores: amarillos, rojos, azules y grises y van adquiriendo ese valor expresivo y con ese aspecto de comunicación que el artista nos quiere presentar al espectador que contempla y disfruta de su obra aunque hay que destacar que Albers, por mucha simplicidad en su obra que haya, nunca caerá en el arte minimalista.

Tras ocho años de estudio con el color y después de hacer este Homenaje al Cuadrado, en el año 1963 se editará La interacción del color con 150 estudios sobre el color a gran tamaño y su obra va a influir al Op Art y al arte minimal de la década de 1960. Sus obras son menos espectaculares en una primera impresión que las de otros artistas ópticos pero a veces esa sencillez hace que los contrastes tengan más efecto. En general, Albers está considerado quizá, junto con Vasarely, como el gran impulsor del arte óptico.

Hay que decir que ese homenaje al cuadrado que hace Albers ya viene desde años atrás, cuando siendo profesor de la Bauhaus hacía trabajos en vidrio que consistían en cuadros, manifestándose en ellos el principio del ensamblaje y algo más importante todavía de esa etapa es que Albers ya empieza a tener contacto directo con el material, algo fundamental en su obra plástica.

Albers trabajará en series porque dice que “No existe una única solución para un problema estético”, algo que expresará varias veces a lo largo de su vida. Con este homenaje al cuadrado, bajo mi punto de vista, Albers se está oponiendo al culto a la personalidad y al culto al “genio”, ya que esto va contra los ideales colectivos que se formulan en la Bauhaus y el carácter anónimo de las obras.

La pasión de Albers por el color es lo que determina su decisión de crear el primer curso dedicado a completamente a la enseñanza del color, que como ya sabemos, fue inaugurado en el Black Mountain College en el año 1933. Para entender este curso, pero para entender también su obra artística y sobre todo ese homenaje al cuadrado, hay que destacar que Albers tuvo la influencia teórica de la Teoría del Color de Goethe, ya que sus modelos sirvieron de modelo para que Albers pudiera hacer su investigación científica, empezando por la afirmación de Goethe de que “hay colores que aparecen en los objetos, y colores que solo existen en el ojo o la mente”.

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