Los creadores españoles de París y la importancia de la mujer: María Blanchard

El inicio del siglo XX, desde el punto de vista cultural, viene marcado por una gran e intensa actividad. La crisis finisecular viene de la mano de la Generación del 98, que lo que hacen es poner de manifiesto las condiciones críticas del país. A esta generación pertenecieron grandes intelectuales del momento como Joaquín Costa (1846-1911), un regeneracionista.

De esta generación, marcada por ese someter a un juicio crítico la realidad española, se pasa a la Generación del 14, que se caracterizó por tratar de sentar las bases de la modernidad. Así, hay toda una generación de intelectuales que abogan por soluciones y salidas, hacia donde debe dirigirse el país. Muy importante es que se dan cuenta que las vías y las soluciones vienen por Europa, ya que consideran que España es un país atrasado y aislado, que debe girar la mirada hacia Europa. Ejemplo de ello es Santiago Ramón y Cajal (que alcanza el Nobel en 1906) o Gregorio Marañón, muy vinculado a la Institución Libre de Enseñanza.

Algunas de las grandes figuras están en estos momentos en París, como Manuel de Falla, que estará en París con otros personajes importantes españoles, y en 1913 se estrena en España Danza española, que trasciende las fronteras españolas. También destaca Isaac Albéniz, donde su Suite Iberia está muy vinculada a estos momentos.

También destaca Miguel de Unamuno, una figura fundamental y es uno de los representantes de la Generación del 98, y es uno de los máximos exponentes en la II República Española.

Una de las apuestas desde el punto de vista cultural más interesantes de principios del siglo XX es la Institución Libre de Enseñanza, encabezada por Francisco Giner de los Ríos (1839-1915). Es fundamental porque en un país donde dominaba el analfabetismo, era necesario impulsar la educación y la educación estaba en manos de la Iglesia de manera mayoritaria.

Desde la Institución Libre de Enseñanza abogan por una enseñanza laica, desvinculada de la Iglesia y del dogma. También apuestan por una enseñanza que no haga distinciones de sexos, moderna, que llegara a un marco amplio de la población, no siendo una educación clasista. Tenían en el horizonte Europa, diciendo que un país no podía crecer estando aislando.

En este contexto surge la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas. Esta Junta lo que hizo fue financiar las estancias de jóvenes investigadores, científicos, pero también de jóvenes creadores en otras capitales europeas y esto fue muy interesante, ya que fue clave para las artes.

Al calor de la misma, nació en 1910 la Residencia de Estudiantes de Madrid, que se convirtió en algo así como el proyecto modelo de la Institución Libre de Enseñanza. Entre sus residentes estaban Lorca, Dalí, Buñuel o Severo Ochoa. Así, buena parte de la renovación de la II República se fraguó en estos lugares. De aquí, surgirá y nacerá la Generación del 27, al calor de esa Residencia de Estudiantes.

En estos años hay grandes figuras del arte del momento como Picasso, Gris, Miró, Dalí y Julio González, que ocupan un papel central en el desarrollo de las vanguardias pero su protagonismo no lo tienen en España, sino en otro lugar, más allá de los Pirineos. Por otro lado también hubo grandes figuras de la vanguardia internacional que viven esporádicamente en España como Diego Rivera, los Delauney, Rafael Barradas…

La realidad española no era permeable a las vanguardias y los grandes creadores tienen que viajar a París ya que todo el panorama del siglo XIX pervive a principios del siglo XX, y sigue perviviendo un cierto academicismo reaccionario. Estos circuitos eran muy tradicionales.

Eran muy propios de este momento los Salones, y quitando Cataluña y en menor medida el País Vasco, la mayoría de los territorios eran muy conservadores, siendo sobre todo pintura de historia, recreando temas muy propios, regionalistas.

El circuito nacional seguía regido por las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, los Salones de Otoño, en los que pesaba el conservadurismo. Todo esto define toda una época. En estos extremos entre el deseo de ser modernos y la dificultad de quitarse de encima toda la tradición, a veces encontramos obras muy singulares.

Hay magníficos creadores que salen de España y que son cabeza de las nuevas vanguardias. París viene a ser para los creadores españoles el principal centro de creación artística de toda Europa. Cabe hablar de artistas españoles en París para creadores modernistas, sobre todo catalanes como Anglada Camarasa o Rusiñol, representantes del Noucentisme.

En los primeros años del siglo XX en París está Picasso y Juan Gris, y algunos escultores como Gargallo o Hugué, que están teniendo contacto con otros artistas. También en París está María Blanchard, quien también se embarcará en la aventura cubista.

En este contexto hubo un pequeño grupo de artistas que proceden de España que contribuyeron a cambiar la pintura.

Una de las figuras que está en París es María Blanchard (1881-1932). Ella está en París y es amiga íntima de Juan Gris, que cuando le conoce, cambia su obra. Procede de Santander y se forma en Madrid.

Es interesante porque la Historia del Arte no ha sido muy justa con ella, ya que su obra fue acopiada por su familia y no hubo tanta difusión como la de otros artistas. Era muy reconocida en Francia, como una pieza fundamental en el desarrollo del cubismo, y en cambio en España no.

En los primeros años se mueve en el modernismo, ya que es lo primero que conoce en París, puesto que allí se encuentran modernistas catalanes como Anglada Camarasa. Entre sus grandes intereses artísticos y sus problemas físicos se moverá en toda su vida. Ella tenía joroba por un problema óseo, lo cual afectó a sus relaciones personales y a su vida cotidiana, siendo su vida en España mucho más difícil que la de París.

Se le hizo una exposición en el Reina Sofía y también se le hizo un documental dedicado a ella. Algunas de sus pinturas se creían durante mucho tiempo de Juan Gris. Hay un diálogo muy interesante en algunas de sus obras.

Desde el momento en que conoce los movimientos artísticos parisinos, aprecia que allí puede ser alguien singular y en España su vida es muy complicada. De hecho, en algunas de las referencias que conservamos de Blanchard, siempre se habla de una figura un tanto gris y triste.

Su principal aportación pasa por obras en las que juega con el simbolismo, con un color muy intenso y formas infantiles, pero donde siempre hay una sombra de tristeza, melancolía y misticismo. Los niños que hace dan mucha pena, son niños grises y tristes, con una tristeza interior palpable, hay como un dolo interior.

Una de sus obras más aclamadas es La comulgante de 1914, donde aparece una niña que está a punto de comulgar. Esta obra recuerda a Chagall y a obras fauvistas y también tiene influencias modernistas.

Hay una vuelta un poco al primitivismo, y no hay una perspectiva convincente en el cuadro. Juega mucho con la superposición de planos. Es una imagen realmente triste y hay una máxima que se repite en la obra de Blanchard y que vemos aquí: una especie de angustia vital y de tristeza que representa muy bien en los niños. Estos niños nunca despiertan ternura, sino más bien desgarro.

No hay demasiadas fotografías de María Blanchard porque ella rehuía, ya que se sentía muy acomplejada y triste con su cuerpo.

Otra obra es La Convaleciente de 1925-26. Ha ido olvidando ese aspecto primitivo que utiliza en su obra interior. En esta época Blanchard ya está jugando con el cubismo y está trabajando ya con ese estilo facetado del cubismo. Es una pintura realista, con verosimilitud.

La obra está construida a través de juegos de claros y sombras muy facetadas. Vuelve otra vez a ese tema de niño enfermo.

En cuanto a sus obras cubistas, destaca Composición. Naturaleza Muerta de 1916. Según Rivera, Blanchard produjo las mejores obras del cubismo, aparte de las de Picasso, que es el maestro. Define todos los cuerpos a partir de la geometría y del color, que es muy plano.

Elimina la connotación de volumetría, y ya cuesta más reconocer algo identificable, algo contrario a Juan Gris, ya que Blanchard no tiene dependencia de ese público. El tema sigue siendo lo mismo, una naturaleza muerta y de ahí que se reconozca la mesa, la ventana que se abre al fondo…

A partir de los años 20′ la situación de María Blanchard empieza a cambiar, ya que empieza a ser demandada por marchantes de gran prestigio como Roosenberg y expondrá en la galería donde se expuso por primera vez las Señoritas de Avignon de Picasso.

Otro ejemplo es Mujer con guitarra del año 1917. Hay influencia de Picasso y de Juan Gris con esa imagen del músico, aunque esta vez es una mujer. Ella fue mucho más cercana a Juan Gris y se notará en su obra.

Se descubren tonos cromáticos muy semejantes a los de la Convaleciente, y es probable que así encuentre un cierto acomodo en su estado anímico. Se ve ese deseo de no abandonar la realidad.

La obra de María Blanchard está representada en el Reina Sofía pero en buena medida se perdió y no hubo el reconocimiento que se debe esperar, sobre todo porque en España no fue reconocida y en París sí.

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